No te puedes liberar

No puedes liberar tus pies

del eterno caminar,

y hacer sonar

el férreo clan-clan

de las cadenas contra el suelo

 

 

cuesta abajo vas

encadenado a los obstáculos

de un camino pedregoso

 

-No puedes escapar-

 

pues huir también forma parte del camino.

 

Todo lo que te rodea cargas:

El mar, el cielo azul, el cielo borrascoso.

Las praderas en verano, las cumbres nevadas en invierno, las personas…

¡Uy las personas!

Y florece el sudor en la nuca,

el sudor de quien lleva el infierno a sus espaldas.

 

Y atrás oyes los pasos

de aquellos de los que escapas.

Pues es huyendo que uno

se encuentra a si mismo

Es escapando

que uno encuentra el paraíso

 

Y las cadenas se vuelven ligeras,

ya no pesan como antes

tu cabeza ha olvidado

-mas no tus tobillos-

el pesado hierro,

las piedras del camino.

Sabio te has vuelto

sabiendo que la libertad es ligera

y sus cadenas están hechas de lino

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