Hazte grande

Toda mi existencia ha estado ligada a una estructura hecha de dos palos verticales unidos por un travesaño horizontal. Dichos palos podían ser cuadrados, redondos, metálicos o de madera. Pero la estructura era siempre la misma.

Yo siempre tenia la costumbre de quedarme bajo esos tres palos. Dominando ese espacio me sentía cómodo. Pero a veces me encontraba con un balón que caía en tierra de nadie. En un espacio indeterminado, un punto equidistante entre yo y el delantero. Era en ese momento cuando me asaltaban las dudas “¿salgo a por el balón y me arriesgo a que llegue el delantero antes, o espero aqui y espero a que el delantero arme un disparo que ni pueda alcanzar?”. Todos estos pensamientos bullían en mi cabeza formando un torbellino que cesaba cuando algún miembro de mi equipo gritaba enfurecido: “¡SAL! JODER !SAL!

Era entonces cuando iba corriendo hacia ese balón al cual solia llegar antes el delantero para cogerme a media salida y marcar gol. En ese momento, cuando los rivales celebraban sus goles algún compañero de mi equipo (generalmente aquel que me decía ¡SAL! JODER ¡SAL!) se me acercaba y me decía: Tienes que hacerte grande. Tienes que tapar mas portería. Le dejaste mucho hueco en la salida.

A partir de ese momento, fui creciendo.Me fue bien en los estudios, en la porteria no tanto. Siempre he sido un pésimo portero. Acabe el bachiller y entré en la universidad. Y durante todo ese tiempo seguí siendo portero. No había nadie mejor para ponerse ahí. Y seguí haciendo lo que sabía o, mejor dicho, lo que podía. Fui perfeccionando la técnica y cuando salía a por aquellos balones que caían en ese punto indeterminado, en ese lugar ambigüo y tenebroso de la cancha, solo podía oir aquellas voces que decían ¡SAL! JODER ¡SAL! Y entonces, mientras corría hacia el esférico, levantaba las manos, estiraba las piernas todo lo que podía, me ponía de puntillas y abarcaba todo el espacio que se iba reduciendo conforme me acercaba al delantero.

Yo nunca paré ningún balón. Simplemente me estiraba, sacaba pecho como hacen los gorilas, o me inflaba como un pez globo amenazado. Y entonces el balón me golpeaba en la cara, en los huevos, en las piernas o en el estómago. Yo nunca paré un balón, simplemente me hacía grande.

Ahora hace ya tiempo que no toco una portería. Hace tiempo que no hago el camino hacia aquellos balones que caían en tierra de nadie. Simplemente, me limito a estar en casa. Estoy en casa esperando… Y mientras espero la luz al final del tunel oigo a expertos que dicen que las oportunidades son infinitas y que tengo un futuro por delante

Ahora hace ya tiempo que no toco una portería. El otro día llevaba dos horas sentado en el sofá cuando me levanté y me asomé a la ventana. En el horizonte pude ver un montón de esas oportunidades. Oportunidades llenas de riesgos. Balones que caían en ese punto indeterminado. Sueños negros en el horizonte, esperando a que yo los atrape. ¿Salgo o no salgo? Y un torbellino de dudas que bullían en mi cabeza. Hasta que de pronto oigo un pitido, un silbido, un viento traido del recuedo que me dice…

¡SAL JODER SAL!…

¡SAL Y HAZTE GRANDE!

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