No eres lo suficientemente bueno

El otro día me despidieron. Fue muy rápido. Mi jefe se me acercó y me dijo: “lo siento, no eres lo suficientemente bueno”. Lo dijo a pesar de llevar trabajando para el 20 años, 10 horas diarias, los seis días de la semana.

Cabizbajo, me retire a mi casa. Quise coger el bus, pero el conductor no me dejó subir porque “no era lo suficientemente bueno”. Así que tuve que ir andando hasta casa. De camino pasé por el super a comprar un par de chuletas para la cena. Pero el carnicero, después de consultar mi expediente académico y laboral, determinó que no era lo suficientemenre bueno como para comer chuletas de cena. “Si quieres te puedes llevar estas lonchas de mortadela, es todo lo que te puedo dar con esas calificaciones”.

A la mañana siguiente bajé a la oficina del INEM que hay frente a mi casa para solicitar la ayuda para el desempleo. Llevo 20 años cotizados pero la funcionaria se negó a concederme la prestación “porque para eso es necesario estar en posesión de, por lo menos, un título de B2 de inglés otorgado por la Univesidad de Cambridge o un su defecto, haber cursado un master de Gestión Económica en la IE Busines School de Londres con una calificación mínima de sobresaliente”.

La noche cayó rápidamente, y para ahogar las penas decidí bajar, con los pocos ahorros que tenía, a la discoteca a tomar un par de cacharros. Allí conocí a una tipa bastante atractiva. Estuvimos hablando durante horas hasta que me dijo: “Venga, vamos a pedirnos unos cubatas”. El camarero la atendió primero a ella. Un gintonic. Pero cuando yo iba a pedir mi whiskey con hielo el tio me frenó en seco y me espetó “no tiene usted el nivel de excelencia requerido para consumir bebidas en este bar”.

La chica se me quedó mirando con un gesto de decepción en el rostro. Me preguntó cuales eran mis estudios y mi media. Le respondí. Ella me dijo: “Lo siento, no eres lo suficientemente bueno para mi”. Se dió media vuelta y me dejó ahí. Plantado en medio del bar.

Al día siguiente, el banco me echó del piso, me quedaban por pagar 5 años de hipoteca y aunque no tenía ingresos llevaba las cuotas al día. Pero, según me explico el tío de la oficina, una persona tan mediocre como yo no podía tener una casa como esa.

Desesperado, me dirigí a una tienda a adquirir una cuerda. El dueño me dijo que no era lo suficientemente bueno como para comprarla así que tuve que robarla. Me la até al cuello y me tiré de un puente. Pero la cuerda rompió y me caí al agua. No soy lo suficientemente bueno para morirme.

A partir de ahí me puse a rezarle a Dios, pidiéndole explicaciones de porque no me admitía en su reino. El me contestó que no era lo suficientemente bueno como para entrar en el cielo. Descendí a los infiernos y allí le pregunte al Diablo. Pero él se empezó a reir a carcajadas, lloraba de la risa y  cuuando por fin se serenó, me dijo: “lo siento muchacho, no eres lo suficientemente malo como para entrar aquí”.

 

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